Durante una inspección del sistema de distribución de aire comprimido realizado en una empresa, el equipo de SWEM identificó una condición interna severa en la tubería: presencia de óxido y depósitos compactados (lodo ferruginoso) que reducen significativamente el diámetro efectivo de paso del aire. Esta condición, al no ser visible externamente, suele permanecer durante años sin ser detectada, mientras incrementa costos y riesgos operativos.
Origen del problema: humedad + material + condiciones de operación
El aire comprimido siempre contiene humedad. Al comprimir aire, aumenta su temperatura y su capacidad de contener vapor; al enfriarse posteriormente, esa humedad se condensa en forma de agua líquida. Por eso, el tratamiento del aire (separación de condensados y secado) debe ocurrir antes de que el aire ingrese al loop de distribución.
Sin embargo, incluso con tratamiento, puede ocurrir condensación dentro del sistema por:
- Enfriamiento adicional del aire en la red (tuberías expuestas, cambios día/noche, tramos largos, cuartos fríos).
- Puntos bajos y tramos sin pendiente donde el agua se acumula.
- Drenajes inexistentes, manuales o mal mantenidos.
- Secadores subdimensionados o sin control/monitoreo (punto de rocío), o cambios en la carga que el sistema no absorbe.
- Contaminación por aceite y partículas, que acelera formación de lodos y depósitos.
Cuando la red es de acero al carbón o galvanizada, la presencia de agua (condensado) y oxígeno detona corrosión interna. Esa corrosión genera:
- Partículas (óxido) que viajan por la red.
- Depósitos que se adhieren y crecen en codos, reducciones, válvulas y conexiones.
- Superficies internas más rugosas, con mayor resistencia al flujo.
¿Por qué el material de tubería importa?
Acero al carbón / galvanizada:
susceptible a corrosión interna cuando existe condensación; genera partículas y depósitos; incrementa rugosidad y caída de presión con los años..
Aluminio (red moderna de aire comprimido):
no sufre oxidación como el acero, mantiene una superficie interna más estable y limpia; reduce resistencia al paso del aire y ayuda a disminuir caída de presión; además, facilita modificaciones y mejoras ordenadas del sistema.
En términos prácticos: una red más limpia y con menor caída de presión permite operar con presiones más bajas, mejorar desempeño de equipos neumáticos y reducir costos de energía y mantenimiento.
¿Cómo ayuda SWEM?
Identificación de pérdidas y restricciones:
condiciones de la red, puntos críticos, drenajes, trampas, filtración, secado y presiones reales en puntos de uso.
Validación del tratamiento del aire:
separación de condensados, secado (punto de rocío adecuado al proceso), filtración y control.
Identificación de pérdidas y restricciones:
caída de presión por tramos, restricciones por corrosión/depósitos, y oportunidades de mejora.
Plan de
acción:
correcciones rápidas (drenajes, pendientes, puntos de inspección, filtración) y proyecto de modernización de red (incluyendo migración a aluminio).
Evidencia
y comunicación:
fotografías, muestras, mediciones y testimoniales para facilitar la decisión del cliente con datos y hechos.